Este texto sobre el análisis de la industria musical chilena fue publicado por primera vez en Julio de 2016 en la revista Matíz, ya han pasado varios meses por lo que ahora lo comparto en este sitio.

_____________________________________________________________________

Introducción

Este artículo analiza el desarrollo de la industria musical chilena bajo los conceptos de Peter Tschmuck planteadas en su libro Creativity and innovation in the music industry. Adoptando la mirada de Tschmuck, se observa lo siguiente en el contexto chileno:

a) la desestructuración de la industria como se conocía

b) la aparición de nuevos actores que interactúan entre sí

c) la nueva formalización de la industria creada por los nuevos actores y los viejos participantes que se adaptaron.

Finalmente se recomienda una alternativa de organización para el crecimiento de la nueva industria musical.

Cambios paradigmáticos y dinámica de la industria

Para cualquiera de nosotros que nos enfrentamos a la industria musical, éste puede ser un campo de muy difícil comprensión. Más aún cuando en los tiempos modernos los medios nos saturan de información y estímulos. Todos los días escuchamos sobre la nueva banda, el nuevo disco, la nueva gira mundial, etc. Pero cómo esto puede ser posible, si aún estamos recibiendo información sobre la baja de venta de discos (IFPI report DMR 2013), los nuevos sitios de streaming, y lo que parece que fue hace poco, la introducción del MP3 a finales de la década de 1990, así como la creación de tecnologías para compartir archivos digitales como el P2P, nos puede parecer que algo no está funcionando bien. Lamentablemente la industria musical es un lugar muy concurrido, a algunas personas les puede parecer muy atractivo, pero hay otras que lo ven como un campo de batalla. Esta industria es muy dinámica, y a veces es difícil ver entremedio del bosque los macro movimientos de esta. Por lo tanto, también encontramos gente que se siente superada por todas las aristas que hay que involucrar para poder generar una carrera musical.

Este artículo propone explicar el estado de  la la industria musical chilena actual, y a partir de una mirada del presente avizorar para dónde debería dirigirse en los próximos 10 años, esto con el objetivo que todos los actores de la industria puedan anticipar y aprovechar los cambios que están por ocurrir. Por tanto esta evaluación y proyección de la industria será presentada por medio de la perspectiva de Peter Tschmuck.

Industria Musical Chilena - Peter Tschmuck

Peter Tschmuck

Peter Tschmuck en su trabajo Creativity and innovation in the music industry logra incorporar un ángulo histórico sobre el dinamismo de la industria musical desde sus comienzos. Tschmuck interpreta los cambios estructurales como cambios paradigmáticos en el sistema de producción, distribución y recepción de la industria musical. Estos no deben ser vistos exclusivamente en términos tecnológicos, sino más bien como un cambio cultural integral.

“En el cambio paradigmático, sin embargo, es el régimen antiguo quien es desafiado por lo nuevo. Al principio los representantes del viejo paradigma ignorarán el nuevo régimen, y luego ellos intentarán prevenir que el nuevo régimen los reemplace. Al final ellos fallarán en esta tarea, porque el viejo régimen no es capaz de controlar todos los factores simultáneos que alteran la causa de este cambio” (Tschmuck, 2006:210).

Para esto Tschmuck propone un patrón colectivo de acción que consiste en 4 fases, que resumen el comportamiento de los viejos participantes:

  • Fase 1: Ignorar lo nuevo
  • Fase 2: Minimizar la relevancia de lo nuevo
  • Fase 3: Pelear lo nuevo y sus protagonistas
  • Fase 4: Aceptar lo nuevo

Cuando ocurre un cambio paradigmático la industria entera empieza una reconstrucción de sus redes de trabajo. Como ya lo discutimos previamente, las viejas prácticas y las viejas compañías no son capaces de entender el nuevo modelo, y no se adaptan de manera rápida y eficaz, por lo que el sistema completo se reestructura para construir nuevas maneras de organizarse, tanto los nuevos actores como los viejos.

Tschmuck muestra un gráfico donde resume su punto de vista, para definir en tres etapas la reestructuración de la industria después de cambios paradigmáticos:

Análisis internacional de la industria musical en general - Peter Tschmuck


En su gráfico Tschmuck explica que después de un cambio paradigmático la industria entra en un proceso de tres etapas. En la fase 1 la creatividad se ve amplificada por la aparición de nuevos actores en el medio musical. Al comenzar a trabajar en conjunto desarrollan nuevos productos y servicios, lo que Tschmuck denomina “creative chaos” (caos creativo).

En la fase 2, algunos de los actores previos desaparecen y otros permanecen, lo que logra que estandaricen rutinas de modo que aparecen y se establecen nuevas formas de negocios y de creación de productos y servicios musicales, adecuados a sus metodologías de trabajo.

En la fase 3, se fijan las nuevas formas de trabajo y colaboración creando un nuevo “mainstream”.

Tschmuck recalca: “Si tienen éxito van a rutinizar su método y estandarizar los productos y servicios producidos (…) Una vez que los caminos creativos y rutinas de acción se aproximan a los estándares, se fusionarán, lo que gradualmente lleva a una disminución de la diversidad” Tschmuck (2006:228).

Tomando en consideración la información mostrada anteriormente y guiándose por la perspectiva del autor en referencia, a continuación se aborda el desarrollo de la industria musical en Chile desde la década de 1990 a la actualidad.

Chile 1990-2015

Con la vuelta de la democracia la música fue impulsada gracias a la existencia de los sellos multinacionales como los conocíamos previamente: Warner Music Group, EMI, Sony, BMG, Universal Music Group y Polygram. Bandas como La Ley son ejemplos claros de como los sellos trabajaban para levantar sus catálogos.

Sin embargo a finales de la década de 1990, y cuando el MP3 ya era un formato de audio ya instalado en el mercado, las oficinas centrales de estos sellos internacionales decidieron recortar todos sus presupuestos para contrarrestar la baja venta de discos que generó la nueva manera de compartir archivos digitales (P2P).

En consecuencia estos grandes sellos adaptaron su modelo de negocio, lo cual implicó reestructurar sus oficinas y operaciones de Chile, lo cual se tradujo en reducir sus oficinas y cerrar el presupuesto que utilizaban para descubrir y publicar bandas nacionales, reservando su presupuesto para marketing y venta de sus artistas super-estrellas internacionales.

Desde comienzos de la década de 2000 en adelante, las oficinas de estos sellos en Chile funcionaron como subsidiarias y agencias de venta, donde se les comandaba una orden central para levantar cierto tipo de catálogo denominado “prioridades” y que pueden ir variando mes a mes. Para esto las oficinas se dedican entonces a distribuir y vender el disco en tiendas especializadas (que como ya sabemos, cada vez son menos), promover artistas con sus fan clubs, y facilitar el catálogo a emisoras de radio.

Las consecuencias ya las conocemos. Desde finales de los años 90 y mediados del 2000 no existió un apoyo al desarrollo de artistas nacionales como lo conocíamos previamente. A toda esta etapa la podemos denominar “Fase 1” (en referencia a las fases según Tschmuck). La “Fase 2” comenzó cuando las nuevas bandas (aunque sería mejor hablar de “nuevos actores”) y las anteriores se ven obligadas a buscar diferentes maneras de crear sus carreras musicales. Para esto acuden a plataformas web como MySpace en una primera instancia, o también recurren a gente cercana a ellos para crear lo que hoy conocemos como “sellos independientes”, que según Strasser, “es una compañía discográfica que trabaja sin el apoyo directo de un sello major”. Esta búsqueda de herramientas, gente, convenios y caminos, es la esencia de la Fase 2, que ha durado hasta mediados de 2010.

En la Fase 2 podemos encontrar ejemplos de nuevas conexiones entre los actores de la industria musical nacional. Por ejemplo, podemos ver que nace Pulsar, Amplifica, y sellos independientes como Quemasucabeza y Discos Río Bueno, que son artistas o individuos tratando de organizarse para crear nuevos vínculos de trabajo, ya que los preexistentes no sirven (evidenciando el fin de la Fase 1). Incluso se podría decir que hoy, en 2016, estamos cerca del final de la Fase 2, ya que podemos ver que viejos participantes están empezando a congeniar y trabajar con nuevos participantes. Uno de estos casos fue la creación del sello Chilevisión Música, que acogió en su catálogo a un gran número de artistas nuevos que no tenían el apoyo de un sello multinacional tradicional, mezclados con un porcentaje de artistas de trayectoria.

También podemos ver que artistas nuevos como Gepe y Javiera Mena participan del Festival de Viña. Otro caso fueron los festivales internacionales que se posicionaron en Chile, dando cabida a nuevas bandas nacionales dentro de una cartelera internacional. Todo esto se ve en conexión con la nueva ley del 20% de música nacional en las radios, siendo un claro ejemplo de que las nuevas conexiones entre los actores han impulsado políticas públicas que los favorezcan. También habría que hacer mención a los managers, agencias de booking, artistas nacionales tocando en festivales internacionales fuera de Chile, IMI, el programa de CORFO Santiago Creativo, etc. Todos ellos instancias que cuentan como antecedentes del desarrollo de esta segunda fase.

Prontamente, y me refiero de aquí a 2020, estas conexiones entre nuevos participantes que crean nuevas rutas de acceso al mercado y a su consumo, así como su vinculación con viejos actores, se van a solidificar, creando una nueva industria musical, una industria generada desde los nuevos actores que se formaron con el cambio de paradigma digital y que han trabajado para ser creadores y parte de este nuevo medio nacional.

Lo que debería preocuparnos hoy, es que esta nueva industria musical que se va a establecer sea capaz de hacer lo que no hicieron sus predecesores, es decir, crear un camino que permita la creación y surgimiento de nuevo talento de manera continua, para que no se estanque en la peligrosa estandarización de procesos y tratos, ya que esto mismo es lo que hizo difícil (y lento) volver a levantar la escena nacional. Generar rutinas de trabajo entre actores conocidos (que es lo que pasará) es una buena manera de agilizar procesos y dar más trabajo a los actores involucrados, pero a su vez es la manera más fácil de crear estructuras rígidas que no soportan cambios, y que no se adelantan a ellos, por lo que cualquier cambio en la producción, distribución o consumo de música puede llevarnos a caer en otro cambio de paradigma que volverá a crear caos en la industria.

Me gustaría poder anticipar que la Fase 3 involucrará a los actores de la Fase 2, pero con la aceptación de la industria “tradicional”: sellos como Sony o Warner no dejarán pasar más tiempo para generar relaciones de trabajo con artistas y sellos nacionales, no necesariamente como publicadores o buscadores de talento, pero sí a modo de distribución internacional, o apoyo en campañas de marketing más masivas. Este es un modelo que ya ocurre en el Reino Unido, por ejemplo, donde sellos independientes firman contratos de upscale con sellos multinacionales como Universal.

Entonces quedan invitados a participar todos los nuevos actores que han nacido en esta década, que sean capaces de crear maneras de levantar talento nuevo de manera regular. De este modo, la escena musical y la industria se verá enriquecida de manera constante, y se podrán generar nuevos caminos y estructuras de trabajo de manera orgánica, para el mejoramiento y futuro de nuestra industria musical local.

Bibliografía

  • IFPI report DMR (2013)
  • Strasser, Richard (2010) Music Business: The Key Concepts. Abingdon. New York: Routledge.
  • Tschmuck, Peter (2006) Creativity and Innovation in the Music Industry. Netherlands: Springer.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *